Kinderdijk, el dique del niño

por | Top Destinos, Visita Guiada

Holanda es un país sorprendente, un tesoro verde y plata hundido en el mar del norte, repleto de carriles bici dibujados con tiza en el suelo y molinos atemporales como los de Kinderdijk, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1997. Situado en la región de Alblasserwaard, perteneciente a la provincia de Zuid-Holland, Kinderkijk es uno de los emplazamientos más famosos del país que, junto a Zaanse Schans, forman un binomio imprescindible para todos aquellos viajeros que quieren descubrir la cultura de los molinos holandeses.

El denominado “Dique del niño”, debe su nombre a la gran inundación de 1421, en la que todo el “Grote Hollandse Waard” se inundó y únicamente se encontró con vida a un bebé y a un gato, ambos flotando en una cuna de madera sobre el dique.

Desde este hecho, los habitantes de la zona comenzaron a construir estos molinos (1738 y 1740), cuya finalidad era drenar el agua del pólder y enviarla a una presa contigua, desde la que se devolvía el agua al río para evitar nuevas inundaciones. Actualmente existen 19 molinos (no todos de la época original) y, aunque algunos siguen funcionando, el drenaje (aún necesario) ya no lo realizan estos venerables caballeros, sino una estación de bombeo que funciona con combustible diesel.

 

Cómo llegar

Kinderdijk se sitúa en un pólder en la confluencia del río Lek y el río Noord, a tan solo 15 Kilómetros al este de la ciudad de Rotterdam. Una vez en el emplazamiento existen varias posibilidades a la hora de aparcar, pero la más recomendable es el parking de autocaravanas del reciento, cuyo precio es de 5 euros, sin límite de tiempo, pero con prohibición expresa para la pernocta. GPS: N 51° 53′ 20” / E 4° 38′ 11”.

 

Kinderdijk. GPS: N 51° 53' 20'' / E 4° 38' 11''

Información práctica

La entrada al reciento es gratuita, y varias son las posibilidades que tendréis a la hora de gestionar la misma: la más recomendable es la bicicleta, ya que dispondréis de varios recorridos muy interesantes, a través de los cuales disfrutaréis de su magnífico ambiente. Si no lleváis bicicletas no os preocupéis, ya que podréis alquilarlas en el Centro de Visitantes (Bezoekmolen).

Si no os queréis complicar podéis realizar la visita a pie, ya que el recorrido es totalmente llano, y se convertirá en una delicia para cualquier persona que quiera disfrutar de un paisaje tan idílico como este. Eso sí, si queréis ver los molinos en acción, es muy importante que hagáis coincidir vuestra visita en sábado, ya que es el único día en que los molinos se encuentran en funcionamiento.

Por último y solo para aquellos viajeros que quieran hacer la visita de forma más glamurosa, las empresas Canal Hopper y Canal Cruiser os ofrecerán la posibilidad de realizarla en barco. Ambos tienen paradas en varios lugares durante el trayecto y tardan una media hora en hacerlo entero. Durante el mismo podréis bajar y subir tantas veces como queráis. El precio del trayecto es de 12€, si se compra conjuntamente con la entrada a los molinos-museo.

Entrada a Kinderdijk

Los molinos se sitúan en una bonita explanada rodeada de agua por todas partes: ríos, canales, acequias y cañaverales; la entrada al reciento se encuentra situada junto a la carretera, donde encontraréis, además, una pequeña taquilla y un café donde venden suvenires.

Aunque la entrada es gratuita, si vuestra intención es visitar por dentro los molinos Nederwaard II y De Blokker, los únicos visitables, deberéis comprar la entrada que os dará derecho a realizar la visita (7,5€). Pasando la taquilla hay un camino asfaltado y recto que se adentra en el pólder, acompañando en paralelo a un canal situado a ambos lados repleto de nenúfares en flor.

La parte oeste (a la derecha según entras) se llama Nederwaard, y la este Overwaard. En cada una de ellas encontraréis una hilera con  8 molinos, que reciben el nombre de la orilla en la que se encuentran.

 

El recorrido de los molinos

Estos 16 molinos tienen muchas cosas en común, ya que son del tipo “grondzeilers”, con aspas de 30 metros de longitud, que casi rozan el suelo y techos de paja. La parte superior puede girar para adaptarse a la dirección del viento y en el interior tienen una gran rueda de madera, que es la encargada de bombear el agua. Pero también tienen diferencias fácilmente reconocibles, ya que los molinos de Nederwaard (construidos en 1740) son de ladrillo y cuerpo cilíndrico, y no guardan una alineación perfecta para no robarse el viento los unos a otros. En cambio, los de Overwaard, construidos en 1738, son de madera y tienen planta octogonal.

Los otros 3 molinos restantes, (originalmente había más) se encuentran algo más separados del resto y se llaman “De Hoge” (1740), “Kleine of Lage” (1761) y “De Blokker”. Este último es el más antiguo y está construido en un estilo que los holandeses llaman “wipmolen”, realizado en madera negra, con base recubierta de tejas. Es el único molino de todo el recinto que tiene la rueda que drena el agua situada en el exterior del mismo.

Sentimientos a flor de piel

Sus inmensas aspas nos recuerdan la utilidad que antaño tuvieron estos gigantes y la fragilidad con la que hoy en día nos devuelven miradas delicadas. Todo un mundo en calma se abrirá durante nuestra visita, únicamente interrumpida por el aleteo de los pájaros que pueblan el lugar.

Tras la visita y antes de abandonar el recinto, os recomendamos sentaros en alguno de los desvencijados bancos del canal para, desde allí, perderos entre los colores de estas aguas teñidas de verde, que pondrán el punto y final a una visita repleta de encanto holandés.

 

Texto: Loli Beltrán  ·  Fotos: On Road Magazine

Aparcamiento Kinderdijk

  • Coordenadas GPS: N 51° 53′ 20” / E 4° 38′ 11”
  • Precio: 5 € / día.
  • Servicios autocaravanas: NO

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